“EL GRAN CACHINERO”

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A lo largo de 6 años hemos oído a muchas personas referirse al inquilino de Carondelet como “el gran mentiroso” “el gran farsante” “el gran odiador” “el gran sinvergüenza” “el gran inepto” “el gran ladrón” etc… ahh y alguna vez por defecto le llamaron “el gran estúpido que dijo eso” pero esta vez es especial, pues aunque parezca gran mentiroso, farsante, odiador, sinvergüenza, inepto, estúpido y ladrón, nada de ello se puede mencionar pues nos podría costar unos cuarenta milloncitos, y dos o tres añitos de prisión, dependiendo de cómo esté de genio el dúo dinámico de la justicia Alexis y su conviviente “Chucky – Sevent”, pero en donde no tiene cabida de duda, y donde no correremos el riesgo de vender la finca y nuestras vaquitas para pagar indemnizaciones millonarias será, si le llamamos al inquilino de Carondelet: “EL GRAN CACHINERO” les explico porqué: resulta que el termino “cachinero” es parte del vulgo ecuatoriano mediante el cual nos referimos a personas que compran o reciben artículos usados o robados, el lugar donde los cachineros guardan estos artículos se llama “cachineria”, tan así es que Guayaquil tuvo que combatir con la proliferación de estos sectores especialmente en aquel barrio que se conocía como la “PPG” donde llegaban objetos robados de todas las viviendas asaltadas en la perla del pacífico, gracias a los gobernantes de turno esta “cachinería” fue mermada en su potencia, y se ha mejorado el ornato en ese sector antes tan desagradable y denigrante para la sociedad guayaquileña. Pero sin embargo el mal aún persiste aunque en menor rango, no obstante mientras algunos Gobernantes sectoriales se preocupan de estas mejoras y combaten a la delincuencia, desde el Palacio en Quito se premia a los delincuentes que robaron de las arcas de la ciudad de Guayaquil la espada de Eloy Alfaro, y se la recibe en el mas impuro e impune acto de “magna cachinería”, patrocinado por la primera autoridad del país, quien se vuelve autor material del delito de recibir objetos robados, toda vez que este ha dicho que no devolverá la espada de Alfaro a sus verdaderos dueños que son los guayaquileños a quienes fue donada esta espada por la heredera de Alfaro quien la entregó al museo de la ciudad. Han pasado 29 años desde que el robo ocurrió, los delincuentes que antes se escondían en la oscuridad de la noche, o por lo menos de las miradas de la gente para asaltar, ahora salen orgullosos a decir “somos ladrones..! y aquí está el botín, mi camarada; comandante, tome la espada de Alfaro, pero téngala Usted no se la devuelva a sus verdaderos dueños, no se la devuelva a Guayaquil..!”

 Con esto, podemos estar seguros que el aprendiz de dictador no nos podrá demandar por llamarle “cachinero”, ya que lamentablemente la historia se sigue escribiendo con impunidad, y esto ya ha trascendido y está documentado; dejemos atrás eso de mentiroso, sinvergüenza, farsante, odiador, estúpido y ladrón… sin miedo de ser demandados ya podemos llamarle al inquilino de Carondelet: “EL GRAN CACHINERO”, aún que no podamos llamarle: “El gran varón”.

Fernando Balda.

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