Adiós Colombia.

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Crónica de una deportación para encubrir un crimen de lesa humanidad:

Cuando llegué por primera vez a Colombia -en  2009-, lo hice para escapar de la dictadura que vive mi país, de la persecución cruel de quien intenta encarcelar a todo aquel que denuncia sus delitos.

Al cabo de algún tiempo me uní a la voz de un comercial que ví en televisión “Colombia, el riesgo es que te quieras quedar”, pues su gente, incomparable en bondad, sus paisajes hermosos, y la vida misma en ella prometía muchísimo. Tuve que regresar al Ecuador para seguir cumpliendo mi deber de lucha, cuando mis abogados lograron revocar las órdenes de prisión que Rafael Correa había impulsado ilegalmente en mi contra. Era demasiado bello para ser verdad; solo un año duró la dicha, pues tuve que volver a escapar de la tiranía en 2010. Había una nueva orden de prisión contra mí,  producto de una sentencia de dos años por supuestas injurias que yo habría cometido al opinar y denunciar lo que consideré un acto de corrupción de un alto funcionario cuya oficina estaba junto a la del presidente. Paradójicamente, el funcionario que me demandó se encuentra siendo investigado por los delitos que yo advertí.

El nuevo exilio no supuso tanto dolor como el de la primera vez. Ya  conocía el camino del exilio y en Colombia, donde antes me había sentido seguro, me esperaban buenos amigos para ayudarnos a mi familia y a mí. Desde ese país pude ejercer mi libertad de expresión a través de mi blog y entrevistas en medios de comunicación internacionales, donde seguí la lucha, hasta que el 5 de junio de 2012, en un incidente hasta ahora no aclarado por las autoridades de Colombia, pero que yo si tengo bien desglosado. Policías colombianos me detuvieron en la calle y me llevaron a migración en donde intentaron de forma ilegal y fallida deportarme al Ecuador. A pesar que les entregué vídeos de cámaras de seguridad que registraron a los culpables no hay sancionados. Posteriormente, el 13 de Agosto, solo dos meses después del primer secuestro disfrazado, y días antes de que prescribiera la sentencia que en mi contra existía en mi país; cuando me encontraba en un sector residencial al norte de Bogotá, cinco sujetos en una camioneta doble tracción con vidrios oscuros me secuestraron e intentaron embarcarme en una avioneta en las afueras de la ciudad para llevarme a Ecuador. El crimen se frustró porque la policía logró mi rescate gracias a que taxistas que se encontraban en el sector presenciaron el acto criminal y alertaron a las autoridades.

Ya la Unidad Especial Antisecuestro -GAULA-, junto con la Fiscalía colombiana, investigaron el caso. Se descubrió que quienes fueron a Colombia a organizar y financiar mi secuestro fueron agentes de inteligencia de la Policía de Ecuador, que entraron a ese país en varias ocasiones para implementar la logística, en la que no escatimaron gastos, pues se ha comprobado que se hospedaron en lujosos hoteles, viajaron en avión por todo el país para contratar a los autores materiales, se dotaron de celulares, autos, avionetas y todo lo que necesitarían para ejecutar su crimen.

Yo he denunciado este hecho que fue público y notorio en la prensa, ante el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos, al Fiscal General, al Ministro de Defensa, entre otras autoridades, y además ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos CIDH. Había pedido al Gobierno de Colombia que nos dé protección, a mi familia y a mí, pues había también advertido: “que después del primer secuestro disfrazado del 5 de Junio, podría ocurrir un acto criminal más agresivo contra mí… y ocurrió, el 13 de Agosto, así mismo hoy le digo que el próximo atentado contra mi integridad podría tener resultados fatales”. (Extracto de carta que envié a Juan Manuel Santos después del secuestro del 13 de agosto de 2012)

Lamento que a pesar de esa advertencia me hayan quitado la escolta que me habían asignado. Igualmente, intentaron cambiar al Fiscal del caso, mismo que descubrió la autoría de agentes de inteligencia del Ecuador en mi secuestro. Sin embargo para proteger la evidencia le he entregado copia digital de la investigación a dos personas: En Colombia, a al Doctor José Obdulio Gaviria, ex Asesor Presidencial del ex Presidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez, y en Ecuador a un periodista de una reconocida revista de análisis e investigación política a quien por el momento mantendré su identidad en confidencialidad por obvias razones. La información es contundente y demuestra con pruebas irrefutables la participación material y financiera de agentes de inteligencia de Ecuador en el secuestro que sufrí el 13 de Agosto. Mi familia vivía ya en constante terror y habíamos decidido no continuar viviendo en Colombia, porque el actual gobierno no ha querido brindarle protección a nuestras vidas como es su responsabilidad. Tampoco se ha pronunciado sobre el caso, en donde tendría que condenar no solo el secuestro sino además pronunciarse sobre la violación a la soberanía de Colombia por miembros de inteligencia de Ecuador durante el gobierno de Rafael Correa, al secuestrar a un dirigente opositor.

Es evidente que al Gobierno del Presidente Santos no le interesa hacer nada al respecto, no le interesa que el Estado proteja las vidas de una familia y de un ciudadano extranjero contra quien se ha cometido un delito de lesa humanidad, solo porque este es un fuerte opositor a un presidente que le ha ofrecido apoyarlo en el tan sonado “proceso de paz” (Rafael Correa).

No le interesa al presidente Santos protestar contra el vecino, aunque la Fiscalía haya comprobado que este se le metió hasta pocas cuadras de Casa de Nariño para cometer un acto criminal.

El presidente Correa es el mismo que fue a protestar ante la OEA y armó tremendo escándalo cuando el ejército colombiano abatió en territorio ecuatoriano a un temible terrorista quien estaba protegido en Sucumbíos.

Empieza entonces a visibilizarse en Colombia -entre otras cosas- el rostro de los impulsores de un proceso por la “paz” que juega al póker, donde pagan justos por pecadores, sin importarle la seguridad de vidas humanas y menos la soberanía de Colombia, dos principios fundamentales que se deberían profesar para aspirar lograr con altivez tan añorado objetivo. Mientras aquello persista, los secuestradores ecuatorianos y colombianos que atentaron contra mí, y quién sabe cuántos criminales más, se sentirán amparados por la más alta y reprochable impunidad.

Cuando ya había iniciado gestiones de refugio en un tercer país, y contaba con el beneplácito de sus demócratas autoridades diplomáticas, fui detenido por un grupo de agentes de migración de Colombia, quienes inmediatamente me subieron a una patrulla escoltada por una caravana de vehículos del Estado que iban abriendo velozmente el tráfico. Adujeron que actuaban por pedido expreso de la embajada de Ecuador quien había solicitado mi detención y deportación por una sentencia de dos años de prisión en mi contra emitida en 2010. Yo les expliqué que la sentencia había prescrito y que los supuestos delitos por los que me persiguen en Ecuador son delitos de opinión, que deportarme a un país donde me persiguen por esas causas viola el Acuerdo de San José de Costa Rica sobre los Derechos Humanos, mas aún cuando el gobierno colombiano y migración tenían pleno conocimiento que los criminales que me habían secuestrado en Bogotá el 13 de Agosto, eran miembros de inteligencia de la policía de Ecuador, violando así otro enunciado de la carta humanista al enviarme a un país donde mi vida corre peligro. Pero nada de eso les importó. -Y en un hecho que ventilaré ante las cortes internacionales- Nuevamente se perpetró otro delito contra mí, con la misma constante, quienes lo ejecutaban se sentían amparados por la impunidad. Que tan alto habrá sido el nivel de gestión que fuimos directo al aeropuerto de la base militar. Me impidieron el derecho de solicitar asilo a alguna embajada. Allá nos esperaba en plena pista un avión jet del ejército colombiano con las turbinas encendidas, el vehículo entró hasta la pista, se estacionó junto al avión, de tal forma que al bajarme del vehículo 4 x 4 solo habían tres pasos hasta la escalera de la aeronave que me traería a Ecuador. Durante el vuelo uno de los oficiales de la fuerza aérea me dijo a son de broma “ha estado de suerte amigo, lo han traído en el avión que usa el Vicepresidente” (para sus vuelos oficiales). Cuando llegamos a la base aérea militar de Quito, Correa había enviado a su hombre de confianza y jefe de su inteligencia personal, el capitán Rommy Vallejo, quien se había puesto su mejor traje para recibirme y darme un efusivo mensaje de su jefe en presencia  de todos los que allí se encontraban:“ahora si vas a tener miedo” me dijo. Yo le respondí: “jamás sentiré miedo a criminales” y acoté “ojalá no hayas sido tu quien envió a los agentes de inteligencia que me secuestraron en Colombia. Las causas por las que Ustedes ilegalmente me persiguen son por mis opiniones, y tienen sentencias cortas y que prescriben. El secuestro agravado, en Colombia tiene una pena de hasta cuarenta años de prisión, es un delito transnacional, y no prescribe, no lo olviden”

Tal fue la contrariedad de Vallejo ante mis palabras que cuando me subieron al otro avión (trasbordo) que me llevará a Guayaquil, este se asomó a la escotilla encaramándose en la escalera solo para gritarme “que te vaya bien en la peni -expresión impronunciable-” yo le respondí con igual deferencia al recadero. Con estas emotivas palabras del hombre de confianza del presidente, quedó puesta la firma del régimen y ratificada la persecución política y demencial en mi contra. De estos hechos fueron testigos las autoridades de migración de Ecuador y Colombia allí presentes.

Mediante esta violatoria deportación, el gobierno colombiano pretendió ocultar dos delitos cometidos en mi contra, uno de ellos de lesa humanidad, pues ha quedado demostrado que en estos intervinieron conjuntamente agentes de inteligencia de Colombia y Ecuador. Luego las autoridades migratorias trataron de echarle tierra deportándome para sellar con impunidad su crimen. No contaban con que no hay crimen perfecto. Es así que, con profundo dolor, debido a la inseguridad que vivíamos con mi familia, me preparaba a partir de Colombia, país en donde nació mi última hija. Aunque parezca increíble, intentando escapar de los mismos criminales de los que escapé en Ecuador.  Con un agravante: que a esto se suma el silencio de los que debieron protegerme de acuerdo a las normas del derecho internacional. ¡Es una complicidad parcera! Son dos gobiernos a los que se les puede meter en el mismo saco. Solo que el de Ecuador tiene cara de lo que es: un sinvergüenza mas, dictador del ALBA. El de Colombia es de la misma calaña pero con careta de demócrata, ¡Cuanto peligro!

En 2009, cuando viví mi primer exilio, corría iguales riesgos, pero jamás mi familia y yo nos sentimos tan amenazados y en condición de grave peligro, como lo vivimos ahora. Quise volver a Colombia, pero no tomé en cuenta una gran diferencia: que aquella vez, era otro el Gobierno y otro el Presidente. Aquél tenía y tiene muy claro quiénes son los buenos y quiénes son los malos.

Desde la prisión:

Fernando Balda.

A la verdad no se la puede encarcelar.

NOTA: El equipo de trabajo del Asambleísta Nacional del Ecuador (A) Fernando Balda Flores, manifiesta su repudio al gobierno de Colombia por la infame acción del presidente Juan Manuel Santos en contra de nuestro principal. Nos duele profundamente que el pueblo colombiano tenga esta clase de gobernante capaz de realizar acciones tan perversas en contra de quienes lo ayudaron.Ver Noticia: http://static.elespectador.co/noticias/judicial/articulo-224401-abogados-de-santos-buscan-archivo-del-caso-bombardeo-ecuador

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