Santos y la OTAN.

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El anuncio del Presidente Juan Manuel Santos de lograr un acuerdo con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) tiene alterados e intrigados a mas de uno. Por su lado los socialistas como Maduro, Evo y                                                                                                                Ortega; han brincado de sus asientos cual si estuvieran viendo una película de terror. La OTAN es una alianza de carácter militar creada el 4 de abril de 1949 para frenar el crecimiento del dominio de la Unión Soviética en la post guerra, los únicos países americanos que la integran por razones de poderío y su relación activa en la segunda guerra mundial y coyuntural, que en su momento fueron aceptados son los EEUU y Canadá . Colombia, está muy lejos de poder aspirar una integración a esta organización pues no cumple con los criterios geográficos para ingresar. Según establece el Tratado de la OTAN, la adhesión está abierta sólo a Estados del área del Atlántico Norte. Entonces, que es lo que pretende Santos con esta alianza? Porqué anda buscando vela en ese entierro donde nadie se le ha muerto? A más de los convenios de cooperación que ya se han anunciado y que no deberían de extrañarnos, pues, si hacemos memoria y recordamos, las relaciones de Colombia con la OTAN tienen ya sus antecedentes. En el año 2008, la OTAN solicitó la presencia de expertos en antiminas y antinarcóticos del Ejército Colombiano bajo la jurisdicción del Ejército de España, ya que este debido a la guerra con el terrorismo y el narcotráfico cuenta con gran experiencia en esos temas, mayor a la del resto de países que conforman la OTAN. Es así que El 20 de febrero de 2009 fue aprobada la participación del Ejército Colombiano en la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) bajo bandera española.

Aunque la única operación oficial de ataque por parte de la OTAN en toda su historia, fue la realizada contra Yugoslavia en 1999, destinada en principio a parar la matanza étnica en Kosovo, los socialistas del siglo XXI parecieran maldecir el 1 de julio de 1991, día de Praga; en que se deshizo el pacto de Varsovia -encabezado por la Unión Soviética y sus aliados para hacer frente a la OTAN-; al que sin dudarlo ya hubieran solicitado adhesión como contraparte a la acción de Santos. Y que; a falta de ello pegan el grito al cielo en uso de su retórica táctica de malevolencia inflamatoria, cual si no fueran precisamente ellos mismos quienes con sus pensamientos de extrema izquierda los que han mantenido por décadas, viva, una especie trasnochada de guerra fría.

Pero mientras esto cruza por la mente de los caudillos del socialismo del siglo XXI; sus efusivos pronunciamientos de rechazo a esta acción política del gobierno de Santos, sin darse cuenta han creado una cortina de humo al tras fondo de esta nueva escaramuza santista, -cortina de humo calculada como efecto colateral de esta jugada-, la lectura de ello no requiere el doctorado en ciencias políticas -créanme que no- tan solo; si, conocer el comportamiento maquiavélico de quienes no conocen la lealtad y no tienen principios, con ello, es suficiente para identificar la desesperación que tiene el gobierno por tomar cuesta arriba con el peso de sus desatinos a lomo pelado versus conceptuales oposiciones; y así, intentar abonarle camino a sus pretendidos sucesores.  El gobierno de Santos se encuentra deslegitimado y falto de aceptación por su separación de los principios democráticos y a la política uribista que lo llevó al poder. Las relaciones que este ha mantenido con los gobiernos del ALBA han sido rechazadas contundentemente por la mayoría de los colombianos. Santos ha probado el sabor del rechazo y el daño del autoflagelo estéril a su imagen. Con estos antecedentes no es una coincidencia que, a las puertas de la XLIII Asamblea General de la OEA celebrada en Guatemala, el gobierno colombiano anuncie decisiones que pretenden alterar el tablero político, al contrario; fue el mejor momento para generar la bulla necesaria, el objetivo; divorciar la imagen de Santos de sus mejores amigos del ALBA y tratar de recuperar la confianza de los colombianos con este giro seudo occidental que ha tenido como antesala las reuniones con el vicepresidente estadounidense Joe Biden y con el líder opositor venezolano Henrique Capriles la semana pasada. Sin que Maduro, Morales, Ortega, Correa y compañía se hayan percatado del juego en el que han caído y como están siendo utilizados.

Esta maniobra de Santos, no supone un viso de reivindicación de la política gobiernista -Dios quiera que así lo fuera por el bien de Colombia- pero aquello es muy difícil de creer. Lo probable, como es lógico; es que Santos esté jugando al poker como siempre, esta vez; a falta de políticas acertadas al interior del país, de obra pública, de seguridad, de cohesión gubernamental y, el agravante de un inminente fracasado proceso de paz, Santos juega al todo por el todo, generando la áspera situación internacional buscando alejar su imagen de sus mejores amigos y, al son de la discordia diplomática intentar recuperar puntos en las encuestas. Y aunque haya salido supuestamente a calmar a sus homólogos del ALBA y estos se hayan calmado; Santos celebra el efecto de sus explicaciones de supositorio sin que los “revolucionarios socialistas” hayan sentido la inoculación. Una vez más se demuestra que el traidor no tiene parámetros y desconoce que los fundadores de la República concibieron al Presidente como un servidor del pueblo y no para moverse al son de los intereses de momento para si. Léase en este caso: desesperación.

Hablando de la OTAN, escaramuzas y guerra fría, propicio es mencionar a uno de sus actores, el exvicepresidente de EEUU, Harry Truman quien inició el rearme y poderío del ejercito. Tras la terminación del conflicto reactivó florecientemente la economía del país, además ejecutó el plan Marshall mediante el cual se destinó trece mil millones de Dólares de la época para reconstruir las devastaciones de la guerra a los países europeos. Sin saber que llegaría a ejecutar tales proezas, Truman; tras la muerte de su predecesor Franklin Roosevelt y por ende, enterado que debía sucederlo en la presidencia, en acto de humildad dijo: “Yo no soy lo suficientemente grande para el cargo”.

Fernando Balda
@fernandobalda

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