Después del Miedo.

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Una sucesión de eventos abusivos tan reprochables como absurdos han revelado la personalidad del dictador ecuatoriano, estos eventos generaron por un largo tiempo miedo en los ciudadanos al ir descubriendo con asombro el escombro de ser humano que se esconde detrás de una sonrisa tan falsa como su humanismo. Eventos como cuando el dictador señaló con el dedo a una mujer y gritó “agarren a esa loca” por pedirle que se dedique a trabajar. O cuando a un joven por gritarle “fascista” la seguridad del tirano lo golpeo salvajemente e intentó encarcelarlo, o como cuando el dictador salió él mismo detrás de alguien que le tiró una bola de papel contra su vehículo, o como cuando ordenó perseguir a twitteros que lo critican, o como cuando ha pedido carcel para sus opositores y enviado aviones y ejército a la selva para capturar a sus detractores. Los casos se cuentan por cientos, toda esa gente fue vejada, encarcelada y como si fuera poco se usó los medios del Estado y dineros públicos para tratar de desprestigiar su imagen y buen nombre. Los ciudadanos decidieron no criticar al abusivo por temor a terminar tras las rejas o presentados en los medios estatales como criminales o enemigos de la “revolución”. Pasó el tiempo y la gente siguió aguantando, muchos callaron y solo veían como otros eran víctimas, faltaba solidaridad, pero en el subconsciente la gente pensaba: “cuando me tocará a mí” “mientras no sea conmigo mejor callo”. Y daba la falsa impresión que la gente aprobaba el show de insultos y las atroces persecuciones. Y es que el miedo es un enemigo muy poderoso, enemigo especialmente de la libertad y de la justicia. Parecía que no había nadie que pudiera quitarle al Ecuador esta declaratoria de hacienda con capataz y verdugo incluido. Ver como roban los que están en el poder sin que los fiscales y jueces actúen se había hecho costumbre, ver como asesinaron y secuestraron a periodistas y opositores para callarlos era algo que no se terminaba de creer y que nadie se atrevía a condenar por miedo a que le pase lo mismo. A pesar de la conmoción en las mentes había un sentimiento de impotencia en el corazón de la gente, un grito que quería salir, pero no lo hacia, por miedo. El demonio del miedo lo mantenía encadenado dentro del pecho…..Fue así que, un día, la tecnología ayudó a desahogar la furia, poco a poco las redes sociales se inundaron de memes y revelaciones de actos de corrupción, asesinatos, secuestros y mentiras del régimen, la gente decidió no callar más -aunque sea en redes- cada cual se dio cuenta lo valiente que podía ser, cada cual quiso ser un héroe en su avatar, si alguien denunciaba algo habían miles que ponían “me gusta” y otros cientos o miles que comentaban. Era imparable, luego la gente en las reuniones sociales ya no callaba; ahora, más bien, muchos de los que aún defienden la tiranía mejor callan y se ocultan para no delatar que pertenecen a una raza en extinción de los llamados “borregos” y, por la vergüenza de no poder refutar tanta corrupción. La gente había visto como el dictador y sus secuaces robaban, mataban, secuestraban y no hacían nada. La falta de solidaridad con los demás y con el Estado, es decir con sigo mismos era un imperante; pero fue precisamente cuando la corrupción tomó el camino que siempre le ha continuado al robo, la ineptutud y la tiranía -meterle la mano al bolsillo de la gente- Recién ahí, aquellos impávidos se dieron cuenta y valoraron el sacrificio de otros. Entonces se evidenció que no hay mayor fuerza que el hambre; más que la falta de garantías, más que el atropello, la sangre derramada y la impunidad; el hambre y la falta de trabajo por la delincuencial administración hicieron que la gente decida salir a la calles, y allí descubrieron que no eran cuatro pelagatos como lo repite el tirano tantas veces hasta que algunos lo creen, pero más importante es que también advirtieron que el miedo se había ido sin que se dieran cuenta cual si hubiera sido exorcizado para no volver. En las marchas del 19 de Marzo y el 1 de Mayo todos se dieron cuenta que el país entero quiere la salida del poder de la dictadura, que el tirano ya ha sido derrocado del corazón del pueblo y que lo único que lo mantiene en el poder son los tres cordones policiales que protegen Carondelet durante las marchas.
Ahora que ya todos sabemos como estamos y que superamos el miedo al monstruo, es el momento de decidir: qué vamos a hacer, después del miedo.
Fernando Balda.
Ex Asambleísta Nacional del Ecuador (A).
Secuestrado y, preso político del gobierno de Rafael Correa.
Columnista de: Fundación Centro de Pensamiento Primero Colombia, (Colombia) Periódico Debate (Colombia), Reporte Confidencial (Venezuela), Red Digital TV, (Venezuela) Venezuela Awareness (Venezuela) Nicaragua Hoy (Nicaragua), y varios medios internacionales más.

Twitter: @fernandobalda

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